Nuestros Discos Favoritos Del 2016

Aunque es una tarea demasiado complicada, enlistar todos los lanzamientos musicales que pudimos escuchar durante el lapso de un año, siempre es algo bastante divertido. Y así como el año pasado, éste también decidimos realizar nuestro compendio de los discos que el área de música más disfrutó.

Esta lista cuenta con 24 discos ordenados de manera alfabética, y puede que no sean los mejores del año, pero eso no nos importa. Hacemos esto como un acto de compartir con todos ustedes lo que estuvimos escuchando en este 2016. Tal vez sea un acercamiento simple, pero creo que así deben ser todas estas listas, sinceras.

Adore Life, de Savages.

Por Karlos López Hernández.

La realización de este material es, quizá, la más complicada de esta lista. Para su segundo material, la banda británica Savages tuvo un camino largo y difícil, el cual involucró varios cambios de estudios y una residencia en Nueva York, que forzó a las chicas a rescribir varias canciones del disco. Y aunque esto sonaba a una verdadera fórmula para el desastre *cof cof Kanye cof cof*, lograron resolverlo de la mejor manera al entregar un material lleno de pasión. Si bien Silence Yourself era un sonido que nos hacía voltear y captaba nuestra atención por la fuerza que tenía, Adore Life es un disco de una banda que sabe ya tiene tu atención pero que te entrega algo igual de bueno. Menos furia, pero más dinámico con canciones como “T.I.W.Y.G” y “Adore”, la banda logra colocarnos en otro mundo. Savages toma muy enserio el nombre del disco y nos hace apreciar cada instante de la vida y de este mundo que parece no valer nada al hacer celebraciones al amor, la vida y lo que es ser humano. Nada mejor para un año más que caótico que un sencillo como “Love is the Answer.”

Basalto, de Mercedes Nasta.

Por Pedro Salas.

Basalto, el álbum debut de Mercedes Nasta va más allá de los 9 temas que contiene, incluye videos, performances en vivo y una especie de esoterismo en las canciones que convierten la música en algo místico. El álbum está lleno de referencias al México de ayer y hoy, y de esa forma parece convertirse en una pieza perpetua.

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The Best, de Omar S.

Por Pedro Salas.

Llevar el nombre de The Best puede sonar muy pretencioso de cualquiera, excepto Omar S. El álbum es un excelso trabajo de house y techno con un claro sonido de Detroit. Incluye grandes colaboraciones y algunos de los mejores tracks para la pista de baile del año.

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Blond, de Frank Ocean.

Por Juan Antonio Lara.

Me costó trabajo pero el contador de reproducciones de iTunes no me va a dejar mentir: he escuchado más canciones de este disco más veces de las que pensaba. Tras un par de meses de su lanzamiento, me parece justo decir que Blond logra superar las expectativas erróneas que esperábamos de él. En este álbum, Frank Ocean logra despegarse de su aclamado disco debut para entregarnos una faceta desconocida de sí mismo, envuelta en misticismo y letras con mensajes subjetivos difíciles de descifrar. En Blond, cada canción cuenta una historia diferente y personal de Frank, pero sin dejar de fallar en el aspecto musical al que nos tiene acostumbrados. El hecho de cumplir con el hype es el acierto que lo hace estar dentro de los mejores álbumes de este año.

Blossoms, de Blossoms.

Por Paulina G. Dávalos.

Este año, me tocó ver a Blossoms antes de escucharlos. Como eran teloneros, no esperaba mucho de ellos: cinco hombres descombinados y medio guapos, me imaginé que eran cualquier otra banda de garaje intentando hacerla en el music biz. Claro que me equivoqué, bastó con sólo escuchar su primera canción para interesarme. La banda de Stockport metió a su álbum debut synth pop ochentero en su mayoría excepción de una balada. Con este material aparecieron en el radar junto a bandas como The 1975 y Catfish and the Bottlemen este año. El paquete completo, total indie dreamboats.

City Club, de The Growlers.

Por Paulina G. Dávalos.

“So I fear, but I don’t know what it is. So I want, but I pretend I don’t need. So is the pain of the stop of a lover’s kiss. I throw my pages all away like shaking wrists.”

Este año, The Growlers volvió con un sonido mucho más pulido, a diferencia de sus otros álbumes que los caracterizaban por su disonante surf rock. Esto se debe al lanzamiento de City Club a través de Cult Records, la disquera de Julian Casablancas. Otra cosa es que en este álbum se acreditan únicamente Brooks Nielsen y Matt Taylor; Anthony Perry y Scott Montoya ahora como ex-miembros. Un cambio crucial para la banda sin embargo, el beach goth y sus seguidores permanecen ahí.

Curve of The Earth, de Mystery Jets. 

Por Martín Julio Vázquez.

He de aceptar que no era fan de esta banda inglesa, conocía algunas canciones, posiblemente las más famosas, pero fuera de eso, no llamaban mi atención… hasta Curve of The Earth, su sexto disco. “Midnight’s Mirror” fue mi primer acercamiento a él, no sé si fue la ligera psicodelia, la experimentación, el coro lleno de melancolía, la extraña composición o las imágenes cósmicas que traía a mi cabeza el escucharla, pero fue un enamoramiento inmediato. El disco reúne las bases de un electropop ochentero con la psicodelia, muchas texturas como lo rasposo de las guitarras londinenses o cuerdas muy suaves, con reflexiones nostálgicas sobre perder a alguien, la lucha por recuperar algo, la confusión en el amor o el dejar ir.

Chicanos Falsos, de Francisco Y Madero.

Por Átomo Durán.

“Quiero usar suéter este invierno, vamos lejos donde no haya sol. Llévame de paseo en tu reno, quiero dejar de ponerme shorts.”

Este dúo es conformado por Jess Sylvester y Carlos Pesina, quienes se encargan de usar el sampleo como base en todas sus canciones. Ellos mismos se definen como dropboxcore, puesto que los lugares en donde ellos viven los separan, haciendo que este sea un proyecto realizado a distancia.

La primera vez que los escuché noté una fuerte influencia de Esquivel, Caetano Veloso y más música de los 70 y 80, pero con ese toque de humor folclórico que siempre los ha caracterizado. Todo esto sigue presente en Chicanos Falsosun disco donde encontramos un refinamiento en el uso de sampleos, voces, y melodías durante las canciones.

The Divine Feminine, de Mac Miller.

Por Martín Julio Vázquez.

Un disco sobre lo que provoca el alma, la energía, la esencia y el amor femenino… pero hipersexualizado por momentos. Es una compilación para los enamorados, un recopilado de unión, ternura, sexo, pasión, cuidado y el amor como experiencia, compuesta por varios bloques sentimentales que terminan por darnos, lo que a mi parecer, es un álbum casi redondo con diversidad de matices. Tiene hip-hop, juke, jazz, R&B, y hasta G-Funk que van a disfrutar si disfrutan el amor cuando coquetea con la música.

Emotional Mugger, de Ty Segall.

Por Karlos López Hernández.

Más adelante hablaré sobre que no hay músico más activo que Will Toledo, sin embargo, quizá el único que hace lucha es Ty Segall, el originario de California es de los músicos más hiperactivos de la actualidad. Si bien esto podría ayudar a crear una línea su trabajo, la realidad es otra, se trata de un salteo constante por parte del músico que ahora, con Emotional Mugger, nos presenta lo que podría ser considerado como un ensayo de la distorsión. Si bien fue Manipulator el disco que le dio el reconocimiento global al ser el material más accesible de su catálogo, Emotional Mugger lo eleva a una sección de músicos que más que dejarse llevar por lo que la gente y/o su disquera pide, hace lo que le nace, lo que cree es conveniente en ese momento. Ty Segall regresó a lo básico, deja de lado el pop y grunge para cambiarlo por ese sonido sucio lleno de baterías irregulares y pesadas, coros agudos y distorsión en todo su esplendor. Una atmósfera oscura es la que rodea este disco, que queda retratada con temas como “Squealer”, que está cargado de sintetizadores o “California Hills”, una balada densa que coquetea con el stoner. Emotional Mugger no es el disco más sencillo de Segall, quizá no el indicado para conocer a este músico pues es un pequeño viaje por la mente de Garett Segall, pero todos los fans de los sonidos fuertes y sucios tendrán en este su disco del año.

En Tus Cinco Sentidos, de Sentidos Apuestos.

Por Átomo Durán.

“Todos quieren pronto vivir, aventuras mil y algo más, juventud. Conserva la inocencia que hay en ti.”

Bien lo decía Liliana Cantú en la entrevista que les hizo“Si creciste en el México de los 90’s, Sentidos Apuestos seguramente sampleó alguna parte de tu niñez en sus tracks, ya sea los comerciales de Canal 5 en los que anunciaban a Los Pequeños Muppets o la era dorada de las telenovelas en donde seguro veías a Thalía.”

Usando la moda del vaporwave como mero pretexto para revisitar muchos lugares que ya conocíamos, consiguen entregarnos su propia reinterpretación de todo eso que vive en la conciencia colectiva de una generación. Y aceptémoslo si tienes una canción llamadaBubblegum Pop en C ‘Untitled’, Opus No. 8, y cuenta con sampleos de Media Naranja de Fey, claramente tienes que estar dentro de los favoritos de muchos.

Farewell, Starlite!, de Francis And The Lights.

Por Paulina G. Dávalos.

“I’m Francis, still dreaming of a glory of something new.”

Hace no mucho escribí sobre Francis And The Lights para explicar más a fondo su propuesta a la escena. El 2016 definitivamente fue su año, viéndolo con Chance The Rapper, Cashmere Cat, Bon Iver e incluso Kanye West. En Farewell, Starlite!, Francis logró juntar un R&B minimalista con varias capas de vocales (¿Kanye?) armonizando a la perfección. Un álbum para disfrutar escuchándolo tanto como él disfrutó producirlo.

How to Be a Human Being, de Glass Animals.

Por Juan Antonio Lara.

Lo único que conocía de este grupo era la canción “Gooey”, la cuál siempre me agradó pero nunca me generó las ganas de conocer más sobre Glass Animals. Fue por casualidad que me encontré con HTBAHB y decidí darle una oportunidad para ver si lograba rescatar otra joyita como la canción antes mencionada. La sorpresa fue mucho más placentera al darme cuenta que (después de mucho tiempo, por fin) estaba escuchando un álbum bastante bien producido y sin pretensiones. Su propuesta es sencilla: ser amigable y fácil de escuchar para quien se le acerque, nada de adornos innecesarios. Es la clase de música que le hizo falta al 2016.

Human Ceremony, de Sunflower Bean.

Por Karlos López Hernández.

2016 fue un año con mucho movimiento para el rock, aunque no el que tienes en mente. Tuvimos nuevos discos de Parquet Courts, Public Access TV, DIIV o The Strokes. Pero también apareció una nueva banda que si ves por primera ocasión, pensarás que Bob Dylan, Frank Zappa o algún integrante de Led Zeppelin se unieron con Debbie Harry para hacer una de las mejores propuestas de este año que termina. Se trata de Sunflower Bear, un trío de Nueva York que justo combina sonidos como los riffs de Zeppelin con el pop alternativo de The Cure o el krautrock de Neu! (gran banda alemana). Human Ceremony es el álbum debut de esta banda y, la realidad, es que es un sólido inicio. Psicodelia, dream pop y habilidades para la ejecución de la música y letras de gente más madura es lo que encontramos en su material, incluso el ver cómo saltan de género en cada canción nos hace creer en toda su habilidad, como con el sencillo que da nombre al disco donde vemos el pop en su mayor esplendor y “Come One”, un tema energético ideal para los que extrañan la dureza en la música. Human Ceremony es el antídoto ideal para aquellos que ya vaticinan la muerte del rock.

I Like It When You Sleep, For You Are So Beautiful Yet So Unaware Of It, de The 1975.

Por Martín Julio Vázquez.

La definición más certera de este álbum viene del mismo frontman de la banda, Matty Healy: “quiero hacer un disco de decisiones audaces, convicción y no tener miedo”. Una producción pretenciosa que tiene brit-pop, dance-rock, neón, góspel, funk, cocaína, Prince, sexo oral, Dios, M83, amor, fama, depresión, The Police… es excesivo, sí, pero lo logró. Hay canciones como “UGH!” o “The Sound” que te tienen en lo más alto, pero inmediatamente te regresan a la realidad con “If I Believe You” o “She Lays Down”, y la mención obligada para “Somebody Else” que concreta los complicados sentimientos de ver a tu ex pareja enamorarse de alguien nuevo, en una canción… “I don’t want your body but I hate to think about you with somebody else.”

Nada Que Pensar, de Macizo. Por Átomo Durán.

“Si no lo quieres ver, entonces no hay manera.”

Por alguna extraña razón, tengo una tendencia a que me gusten bandas que apenas y tienen una canción graba en un video de mala calidad, y con Macizo no fue la excepción.

Nada Que Pensar, el EP debut de esta vato band de pop denso, es un pequeño tributo a la música lenta que muchas veces despreciamos porque “es aburrida”. Sus canciones nos piden esa atención y paciencia que ya casi no tenemos por las cosas, y quienes puedan poner de su parte, encontrarán canciones llenas de texturas que se van expandiendo conforme las melodías avanzan.

Names, de Names.

Por Átomo Durán.

“This is about making a promise to finish what we started.”

Names es una banda cuyo sonido juega con el math, twinkly, emo, e inclusive jazz en algunas de sus canciones. Tan sólo contaban con un EP y dos sencillos, liberados bajo el sello canadiense Stack Your Roaster, cuando tomaron la decisión de separarse.

En el momento que William Osiecki, baterista de la banda, me dio la noticia tuve demasiados sentimientos encontrados. Por un lado sentía la obvia tristeza, pensaba el recurrente “pudieron hacer grandes cosas”, y por otro lado sentía paz, puesto que mi recuerdo de ellos se quedaría intacto sin importar el paso de los años. Pero sobretodo, me sentía afortunado de que existieran, aunque haya sido por un breve momento.

Meses después de su separación, surgió la posibilidad de un último disco con canciones que ya habían grabado. Honestamente pensé que ese día jamás iba a llegar, pero me equivoqué. Al final de todo, ellos cumplieron su promesa.

 

Nymphs, de Nicolas Jaar.

Por Juan Antonio Lara.

El productor chileno acompañó el estreno de su álbum Sirens con el lanzamiento de su álbum recopilatorio Nymphs. Éste último junta lo mejor del sonido de sus singles anteriores (Nymphs, II, III, IV-Fight) en una sola entrega. En lo personal disfruté mucho de los lanzamientos individuales y el hecho de tenerlos en un solo álbum mejora por completo la experiencia de escucharlo como un todo. No es un álbum tan fácil de escuchar para quienes no están familiarizados con el proyecto de Jaar pero a muchos otros les resultará interesante todo el concepto detrás de su música.

Ology, de Gallant.

Por Martín Julio Vázquez.

Cristopher Gallant es una de las voces que sorprendió este 2016, no sólo por su tesitura y alto rango de voz, sino también por su composición y producción que le dieron forma a Ology; un disco que reúne la lucha personal con la que ha tenido que lidiar, la búsqueda de identidad, el dolor como fuente de inspiración, una introspección a esos oscuros momentos que todos llegamos a tener, a través de melodías que tienen reminiscencias al R&B de los 80 y 90 (Lenny Kravitz), con un poco del Channel Orange de Frank Ocean, hip-hop, soul y jazz. Posiblemente la falla, y la razón, de que no haya figurado en lo mejor del año en listas importantes, es que se abusa de los sonidos, una voz así no necesita de tanto acompañamiento, y algunas canciones caen en lo barroco, pero sin duda es un álbum que se disfruta y transmite.

Roosevelt, de Roosevelt.

Por Juan Antonio Lara.

Puede que no sea uno de los más sonados este año pero sin duda estamos ante un álbum que pretende seguir fresco con el paso del tiempo. El disco debut del DJ alemán es un balde con agua fría a la música dance que tanto nos tiene acostumbrados a lo mismo. Ya sea como canciones individuales o como un conjunto, el álbum logra crear una sensación agradable y que no se gasta así lo escuchemos una o mil veces. Sea en familia, con amigos o solo en tu casa, Roosevelt funciona como excelente música de fondo para cualquier situación en la que estemos. Si pudiera resumirlo en una frase, esta sería: “el álbum que logró pararme a bailar en 2016.”

Skin, de Flume.

Por Paulina G. Dávalos.

Por supuesto que iba a incluir a Flume en mi lista. Aunque se aleje de la prensa, logra permanecer en la EDM mainstream y escuchándolo pueden notar por qué. Casi 4 años después de su self-titled, el productor australiano regresó con Skin (y Skin Companion EP más tarde), describiendo su sonido “como la tela del universo rompiéndose.” Melódico y distorsionado, con un reconocidos colaboradores en cada canción como Beck, Little Dragon, Vince Staples y más.

Tarjeta de Presentación, de Jóvenes Adultos.

Por Pedro Salas.

Este álbum salió en el verano, con un sonido bastante divertido que se prestaba para el momento y que ahora al terminar el año se escucha con tanta energía como al inicio. Mucho noise, pop y garage en un álbum bastante psicodélico que fácilmente puedo poner entre los favoritos del año.

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Teens of Denial, de Car Seat Headrest.

Por Karlos López Hernández.

Nunca he estado de acuerdo con el término “indie” para referirse a un género, ya que esto es más bien una manera de hacer música o casi cualquier expresión como un libro o película. Pero, últimamente no creo que haya una persona más calificada para ser señalada de “indie” que Will Toledo, o como mejor se le conoce: Car Seat Headrest. ¿Por qué? Simplemente porque desde 2010, Will ha lanzado 11 discos a través de la plataforma Bandcamp sin esperar algo. Fue hasta el 2015 que Matador Records decidió firmarlo y así empezar a preparar Teens of Denial con una banda completa. Pero antes de esto lanzó Teens of Style, una compilación que puede ser vista como el cierre de esta etapa para dar paso a un mayor alcance. Con un dinamismo único, Toledo se encarga de darnos una de las mejores piezas de los últimos años con “Drunk Drivers/Killer Whales”, una ambiciosa pieza de seis minutos que nos lleva por todo un pasaje que nos deja ver su versatilidad. Teens of Denial es un disco completo lleno de coros conmovedores, riffs intensos, letras inteligentes y otros aspectos que harán que un fan de esta música se sienta completo y feliz. Hoy más que nunca, el indie vive un estancamiento y es Car Seat Headrest quien alza la mano para sacar adelante a esta ola.

Wildflower, de The Avalanches.

Por Pedro Salas.

Lanzar un álbum después de 16 años es algo muy difícil pues la expectación que genera es muy alta, lo que destaca el trabajo de The Avalanches quienes regresaron este 2016 con un álbum increíble. Un trabajo emocionante que sólo ellos podrían entregar, con un sonido muy a su estilo que después de tanto parece clásico. Sin dudas uno de los mejores discos del año.

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De parte de todo el área de música, y las demás áreas que conformamos Young Offenders, esperamos que el 2017 lo pasen a lado de esas personas importantes para ustedes, porque en momentos tan caóticos como los que se avecinan, es cuando más necesitamos del otro.

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