La Muerte (Y Resurrección) del Rey del Rap: Kendrick Lamar

Antes de comenzar a escribir sobre lo que para algunos es “el mejor álbum hip-hop del año”, hay que aclarar un punto que varios están dejando pasar, porque sí, sus tweets dejan mucho que desear: si bien el hip-hop es un movimiento cultural con distintos pilares, siendo el rap uno de ellos, sí existe una diferencia sonora/musical entre ambos. Esta diferenciación recae en que el rap tiene como base central la lírica, o sea, la carga en sus letras y la habilidad para las rimas, mientras que en el hip-hop hay mayor enfoque a la base instrumental y puede incorporar canto; rimas por sobre bases.

Teniendo lo anterior en cuenta, Kendrick Lamar sí es uno de los mejores raperos que tenemos, y seguramente se encuentra entre los mejores de la historia, pero lamentablemente DAMN. no sobrepasa lo regular, lo promedio, lo que sabíamos que el originario de California podía hacer y entregar. En palabras simples y desde una perspectiva general, esta producción resulta en un disco bueno y ya. De hecho es un caso muy similar a lo ocurrido con Frank OceanBlonde (ya es momento de que paren el mame y reconozcan que es un disco bastante flojo) es a DAMN., lo que Channel Orange es a To Pimp a Butterfly, dos álbumes que de alguna u otra forma le demostraron a la música que dos genios estaban ya formados, en otras palabras, dos discos que queramos o no, cambiaron la forma de presentar el hip-hop/R&B, y que por obvias razones, teniendo a estos monstruos como precedente, la expectativa entre los fans se elevó considerablemente.

Pero, puede que no todo esté perdido, y que como concepto artístico, el disco sea algo excepcional. ¿Por qué?… Conocido por llenar sus canciones de historias personales, crítica cruda, juegos de palabras, ser muy meticuloso, y una forma de composición especial de la costa oeste, Lamar estrenó su cuarto álbum (sin contabilizar Untitled Unmastered, que personalmente considero un lados B de To Pimp a Butterfly), posterior al lanzamiento de “The Heart Part 4”, canción presentada de manera independiente y que estoy seguro fue una dedicatoria para Drake y su More Life, recordándole quién manda. Y “Humble”, primer sencillo del nuevo disco, y cuyo vídeo es una oda de estilos visuales y narrativa al que hay que aprenderle mucho.

Catorce piezas que en palabras del rapero, ofrecen algo mucho más “comercial”, alejándose de sus dos producciones anteriores donde el sonido fue más experimental, influenciado fuertemente por el jazz y hasta el blues. Además, y es aquí donde un halo de misterio envuelve todo; el álbum se vio extrañamente empapado por festividades importantes para la religión católica-cristiana: el viernes santo y el domingo de resurrección, tópico que Lamar nunca ha pasado por alto en su música, y que para algunos seguidores sólo era una pista de un lanzamiento doble: la muerte y la resurrección.

“I said it’s like that, dropped one classic, came right back, ‘Nother classic, right back. My next album, the whole industry on a ice pack, with TOC, you see the flames, in my E-Y-E’s; it’s not a game…”, es uno de los versos introductorios dentro de “The Heart Part 4” a éste o a un futuro material, y que se liga a un juego de color que ha estado en torno al artista en los últimos años: el rojo y el azul. Ambos colores son referencia a las pandillas Bloods y Crips de su natal Compton, pero se retomaron gracias a algunos tweets que su productor, Sounwave, realizó. Más, el cambio de imagen de perfil en Spotify, fondo azul, cuando el color central del disco es rojo. También, algunas referencias en sus canciones, versos ocultos, y finalmente, algo que yo añado, esto sin ver el arte completo del álbum: la portada de DAMN., roja, la contraportada, verde, color con el que Lamar intenta reunir a los grupos rivales a través de un mensaje positivo, pero ¿cómo obtenemos verde sin azul?

Entre que sí tenemos o no dos álbumes, que si es un mind-blowing lírico, que si algunos están desviviéndose en halagos, que si Kendrick está pasando por un momento muy Kanye respecto a matar al artista y llevarlo por otro sendero, o copiando los modos de Ocean al lanzar dos producciones, una de ellas muy conceptual… DAMN. es una añadidura más a lo que Lamar ha estado anunciando: que es el salvador y rey del rap.

El álbum es un trabajo muy introspectivo y religioso de su propia vida, hay incongruencias y choques de conceptos entre el amor, la humildad, la lealtad, el orgullo, la lujuria, como las que tenemos todos los que somos humanos, y se nos presentan momentos que el rapero vivió en su pasado, experimenta en el presente y espera en un futuro. Incluso, pienso que tiene una narrativa inversa por la forma en la que termina “DUCKWORTH.” (segundo apellido del rapero) con un disparo para rebobinar hasta el inicio de “BLOOD.”, pieza con la que abre el disco.

Es inteligente, reflexivo, y parece que todo, absolutamente todo está perfectamente planeado a través de una profundidad importante de simbolismos, temas y mensajes que se tocan, pero que no alcanzamos a entender del todo: el primer track nos presenta la disputa entre qué es débil y qué es maldad, visto desde el punto donde una mujer le dispara al músico. “DNA.” es una celebración de su cultura, lo qué es y de dónde viene, además de la opresión que algunas minorías, en este caso la afroamericana, reciben y sufren. “YAH.” encara problemáticas sociopolíticas y religiosas. “ELEMENT.”, es egolatría sufrida, donde hay sacrificios y lucha necesarios para llegar hasta lo más alto, además, tiene uno de los mejores versos que ha escrito: “If I gotta slap a pussy-ass nigga, I’ma make it look sexy, if I gotta go hard on a bitch, I’ma make it look sexy. I pull up, hop out, air out, made it look sexy, they won’t take me out my element, nah, take me out my element.”

“FEEL.”, es una pieza de honestidad pura, son sentimientos e ideas que todos llegamos a tener pero que en esta concepción del “mundo feliz”, está mal siquiera pensarlos. Es ausencia y aislamiento, pero también una lucha emocional ante la depresión, ansiedad, hartazgo y cansancio de todo. “LOYALTY.”, la primer colaboración que resalta en el disco al lado de Rihanna. Una canción para aquellas personas que saben la importancia y peso que hay en las relaciones respecto a la honestidad y, obviamente, todo lo que involucra la lealtad, y lo que cuesta salir de los problemas. El sampleo que acompaña de fondo es “24K Magic” de Bruno Mars.

Le sigue “PRIDE.”, track que tiene al joven genio salido de The InternetSteve Lacy, e incluye un sample de “Echoes” de Pink Floyd. Una pieza que juega con el significado de la palabra: soberbia pero también orgullo, creer que eres algo que aún no alcanzas, y cómo puede terminar matando tu espíritu. Y termina ligándose de cierta forma a “HUMBLE.”, la cual es todo menos humildad, y de la que cabe mencionar la frase “I’m so fuckin’ sick and tired of the Photoshop”, porque absolutamente todos estamos hartos de esa belleza falsa. Continua “LUST.”, engalanada por BADBADNOTGOOD, Rat Boy y Kaytranada: lujuria, codicia y sensualidad. Y le sigue la canción que personalmente resultó mi favorita de todo el disco, “LOVE.”, al lado de Zacari… un momento de reflexión respecto a la vida que quieres compartir con alguien, preguntas clave que solidifican el concepto de amor, y la emoción más profunda que uno siente por otro. Pocas canciones dentro del género que toquen el amor de forma tan real como ésta, no por nada es dedicada a su prometida y mejor amiga, Whitney Alford: “Only for the night, I’m kiddin’, only for life, you’re a homie for life, you’re a homie for life, let’s get it.”

“XXX.”, es posiblemente el ejemplo perfecto de cómo callarle la boca a alguien por medio de talento, y es que desde que vimos el “U2” como feat, hay que aceptar que nos negamos rotundamente a todo, a todos nos caga Bono… Cuando la verdad es que es un buen tema que reafirma puntos religiosos y políticos que se presentan en canciones previas, es una serie de matices que apuntan a la situación actual de Estados Unidos, inclusive de América. “FEAR.” está compuesta por tres actos, por ello que su duración sea casi de ocho minutos: terror sufrido a los 7 (violencia doméstica), 17 (miedo a la muerte derivado de la violencia y pandillas) y 27 años (la falta de confianza en sí mismo, y temer a perder la vida que se ha construido). “GOD.” es eso, sentir lo que un Dios siente después de trabajar arduamente por conseguir lo que quieres, además de una excelente referencia a la historia del Rey Midas; “Everything I write is a damn eight ball. Everything I touch is a damn gold mine. Everything I say is from an angel.”

Y finalmente tenemos “DUCKWORTH.”, una historia rapeada sobre su papá y Anthony “Top Dawg” Tiffith, el fundador de TDE, la disquera de Kendrick. El disco no sólo reúne a los artistas antes mencionados, también incluye a talentosos como Mike WiLL, James Blake, Sounwave, Kid Capri, Thundercat y Anna Wise, todos participando ya sea en coros, producción, composición o arreglos.

Tenemos un álbum que nos muestra la supervivencia, espiritualidad, amor, resistencia, y hasta fuerza de forma lírica, pero sólo eso, no hay una innovación sonora, no hay riesgo, no hay algo que no hayamos escuchado ya por parte del rapero, sin embargo, y como bien había mencionado, en caso de que la profundidad del proyecto sea tal, como concepto de la muerte (incluso de rehacerse) a través de los puntos más altos y más bajos, Lamar dejó de lado la composición musical más ambiciosa, para entregarnos prácticamente una pieza de arte, que puede o no gustar, pero que sí reúne y empata la música, poesía, introspección, provocación y conceptos que se necesitan para ello.

Finalmente, no tenemos más que esperar si el misterioso (y anhelado) segundo álbum llegará, y es que además, hoy Lamar es el encargado de cerrar Coachella, ¿coincidencia?… no lo sé, habrá que esperar a la resurrección.