Manchester by The Sea: De Cómo Intentar Sanar un Alma Rota

Manchester by the Sea es una película de drama, dirigida y escrita por Kenneth Lonergan (MargaretGangs of New York), protagonizada por Casey Affleck, Michelle Williams y Kyle Chandler.

A primera vista podría ser una historia simple, incluso algo lineal, pero por extraño que parezca, ese acercamiento a lo “normal”, es el gancho perfecto para que ésta nos atrape desde lo primeros momentos, te sumerge tanto que ni siquiera sientes los 137 minutos de duración. La trama sigue a Lee Chandler, un intendente triste, solitario, maleducado, frío y con una tendencia por el alcohol, el cual termina por mostrarnos su lado más voluble y el más violento. Conforme la cinta avanza, sabemos las razones de su comportamiento, y alcanzamos a entender mucho mejor ese halo de tristeza y soledad que carga, pero es hasta que su hermano mayor muere, que esa normatividad conformista empieza a reventar.

La presión generada por las tragedias son las que nos llevan al límite, a olvidarnos de la razón y sentir, realmente sentir, y en ello recae el peso del largometraje, resultando una combinación de narrativas entre el presente de la mano del pasado, que terminan dándonos una golpe para reaccionar y ver cuán complejo es el lado emocional humano. Es una llamada directa a las personas que suben una muralla imaginaria para no saberse vulnerables, para bloquear cuestiones que saben que existen pero se obligan a esconder.

El proyecto tiene dos pilares muy importantes: Casey Affleck, fuerte contendiente para llevarse el Oscar a Mejor Actor, y Michelle Williams, quien a pesar de salir relativamente poco, es uno de los elementos más fuertes y tristes de la historia, de hecho, los dos nos regalan una escena memorable donde nos demuestran el verdadero amor entre dos personas, y sí, si estuviste al borde emocional al pasar de la cinta, ese es el punto catártico donde empieza el desfogue. Vemos a Lee capaz de arreglar absolutamente todo, incluso a su sobrino, quien se vuelve en un generador para el enfrentamiento con la realidad, pero irónicamente no saber arreglarse a sí mismo.

El director nos muestra algunos de los puntos más altos y más bajos de la conducta humana: la conexión entre dos personas, la consumación del amor, la dispersión para fingir que no vemos la realidad, el horror, el bloqueo, el arrepentimiento, la fraternidad, la culpa… y nos termina dando una visión cruda y cruel de lo que experimentamos a lo largo de la vida. Algo que vale la pena mencionar, es que la historia no es 100% dolorosa o depresiva, de hecho hay momentos de risa y tintes de felicidad, de paz. Algunos críticos la definen como “la película más chistosa sobre el dolor jamás hecha”.

La película no es tan fácil de ver si se es muy sensible, es triste, transmite dolor, rabia, y realmente hace que generemos una conexión con el personaje principal, y es que todos, absolutamente todos, tenemos el alma o el corazón con ligeras grietas, algunos más, otros menos, pero nadie está exento, es ahí donde sabe llegar esta cinta, es ahí donde puede o no generar un cambio interno, inclusive una especie de sanación a costa del dolor.