¿Yay or Nay?: ‘Process’ de Sampha

Sampha Sisay es conocido principalmente por ser el fiel compañero del productor SBTRKT, y si bien éste ha realizado a lo largo de su carrera colaboraciones importantes como con Jessie Ware o Little Dragon, los conocedores de su trabajo saben que la identidad del proyecto se ha construido en gran parte gracias al trabajo en equipo entre Sampha y Jerome. Después de dos álbumes construidos bajo este proyecto, el primero de ellos decidió lanzar su primer material de larga duración como solista.

Process, nombre que lleva el álbum debut, está respaldado por dos EP’s con críticas favorables y un sin fin de colaboraciones independientes, entre las que destacan podemos escuchar “Don’t Touch My Hair” con Solange y “Saint Pablo” con Kanye West.

Contrario a lo que tiende a suceder ahora con los buenos proyectos –excelentes EP’s y un espantoso LP debut–, Sampha logra un trabajo impecable en Process. El álbum es principalmente catártico, la introspección domina el disco y la elegante producción a cargo de él mismo, con ayuda de Rodaidh McDonald –productor que ha aportado considerablemente en el trabajo de The xx y King Krule– crea una atmósfera ideal para acompañar a Sampha a encarar sus demonios y los pensamientos de alguien que sigue enfrentándose a grandes pérdidas.

Da la impresión de que Process es un álbum que está escrito para él mismo, un poco a modo de desdoblamiento. En cada una de las canciones el músico va desnudando sus miedos para entenderlos. En general se muestra como alguien que está de cierto modo abrumado, pero en búsqueda de entenderse, de sanar. Por lo mismo, el sonido no es estridente ni oscuro, si no que es un ir y venir entre un R&B accesible y atmósferas minimalistas. Para lograr ello, Sampha se sirve de recursos como la repetición de sílabas cortas –en concreto hablando del segundo single del disco, “Blood on Me”– buscando crear una atmósfera hipnotizante que permita entender su subjetividad.

R&B de calidad, limpio y sincero, incluso poderoso, que por momentos nos remite a James Blake, pero que sirve para muchos como proceso de empatía y sanación.